La luna y el puma

Desliza para comenzar

La luna y el puma

No respondí la última pregunta que me hicieron los niños.

Ya las tiendas estaban levantadas y los adultos comenzaban a preparar lo necesario para empezar a preparar la comida. Allí me encontraba yo, rodeada por estos niños venidos de diferentes pueblos y aldeas de la zona, los cuales alardeaban de gozar de una energía que apenas podía recordar que tuve yo misma una vez.

– No seas torpe, Kasunka, los gigantes fueron aplastados por las rocas y ya están muertos.- Dijo con confianza la joven niña Nakuykari (Serpiente Verde), una linda pero precoz jovencita que vi nacer hace 10 inviernos.

– No hay que buscar gigantes debajo del suelo, los gigantes que importan son los dioses que están por encima y alrededor de nosotros, nos guían y nos enseñan. – Les dije, y entonces volvieron su atención a mí.

– ¿Qué nos enseñan? Yo nunca he visto a un dios enseñar nada, Mamá Ti. – Dijo Asunwankari con incredulidad, mientras los otros niños esperaban mi respuesta.

– ¿Una hormiga puede aprender algo de un hombre? – Les respondí. – Las interminables e inamovibles montañas, los grandes ríos y la luna que nos empieza iluminar en esta oscura noche nos dicen más de lo que puedan pensar en sus pequeñas y vacías cabezas.

– ¿La luna es un dios? ¿que tipo de dios? ¿Igual al dios sol Cha? – Preguntó Kasunka.

– Es una diosa y es su esposa. – Respondió sin titubear la Nakuykari, mientras miraba a Kasunka altiva.

– Las diosas son niñas, Cha es el dios del sol, es el más fuerte de los dioses, no como la pálida y fría luna. – Se alzó aún más Asunwankari.

– Paka. Mama Paka es su nombre. – Les dije para interrumpir la discusión para la que estaban preparándose a tener. – Sin la diosa madre de la luna las noches serían solo un abismo de oscuridad y peligro.

Cha había creado el sol utilizando su corazón en llamas; y con su luz los hombres comenzaron a prosperar, esto molestó a las bestias que reinaban el mundo tras la caída en desgracia de los gigantes. Entre todas esas bestias destacaba el feroz y sanguinario Titanka, el semidiós puma.

Titanka recelaba del crecimiento del pueblo del hombre, y como este, protegido por Cha, iba haciéndose cada vez más sabio y poderoso. El gran Puma no tenía reparo en acabar con aquellas tribus o grupos que se interpusieran en su camino. A pesar de encontrar placer en eso, no se atrevía a desafiar directamente al dios Cha atacando a sus hijos a plena luz del día.

Era entonces durante la negra noche, cuando Cha no estaba y su luz ya no iluminaba a los hombres; bajo el cobijo de la completa oscuridad que Titanka desataba su furia atacando los poblados y devoraba a los hombres, a las mujeres y a los niños. Todo esto asegurándose de hacerlo antes de que la luz del amanecer llegara, y así evitar la ira del dios sol.

Pueblos enteros sufrieron la ira de Titanka, puesto que cada niño o niña que nacía cada día, era luego asesinado durante las negras noches. Cegados por la oscuridad los hombres no podían ver quien les atacaba; entonces no sabían a quien culpar por dichas acciones ante los dioses.

Es en ese momento que Mamá Paka se dio cuenta de algo estaba mal para sus hijos los hombres. La diosa cuidaba especialmente de cada mujer que daba a luz y se percató de que los niños nacidos luego ya no estaban con sus familias, algo terrible les estaba pasando. Así que quiso saber que pasaba cuando su esposo, el dios sol Cha, ya no iluminaba el mundo; esa noche se quedó oculta entre las mujeres de la aldea.

Al llegar la noche Mama Paka pudo ver de cerca el ataque sin piedad que sufrían sus hijos a manos de Titanka. En ese instante usando su propia luz Paka ahuyentó al despiadado puma. Pero ella sabía que la noche siguiente la situación se repetiría.

Mama Paka, que apreciaba la vida en todas sus formas, decidió no destruir a Titanka. A diferencia de la ira que caracterizaba a muchos dioses, ella tenía otras formas de poner las cosas donde debían estar.

Entonces Mama Paka subió al cielo y con la leche plateada dadora de vida llenó un plato que colocó en lo alto del firmamento. El contenido luminoso del plato logró iluminar el mundo durante la noche. Los hombres podían finalmente ver quien era el causante de tanto sufrimiento.

En ese momento, sin poder contar con la complicidad que le brindaba la oscuridad, Titanka se vio incapaz de atacar impunemente a los hombres, que ahora podían verle antes y podían entonces delatarlo con el dios Cha. A partir de ese día Mama Paka pasó a ser la diosa de la luna, que da luz cuando la noche es oscura.

– Pero, Mama Ti, ¿por que la luna no brilla siempre todas las noches? ¿Hay noches que el plato no está lleno y no alumbra?- Preguntó Nakuykari, interesada.

– Mama Paka tiene muchos hijos, que necesitan de la leche de su busto. – Le dije.

Cada mes, Mama Paka sube al cielo a llenar el plato con su leche de vida, entonces, en el transcurso de los días, comienza a iluminarse cada vez más hasta estar llena que es cuando ilumina el mundo con más intensidad.

Titanka, oculto en la oscuridad de cuevas y selvas, sigue atento, porque con el paso de las noches el plato se vacía y las noches se hacen más oscuras y entonces puede volver a atacar a los hombres y a sus hijos con impunidad.

– Mama Paka nos brinda su luz en las noches, pero no todas las noches se iluminan igual, por eso en las noches más oscuras, los niños no deben alejarse del fuego, ni salir de las casas.- Les dije mientras miraban al cielo para asegurarse de que la luna brindara luz suficiente para estar a salvo. Y si lo estábamos, por ahora.

El olor del estofado de papas y ulluco que preparaban algunos adultos del campamento llegó  al círculo de niños que me rodeaba, logrando despertar el hambre dormida en todos nosotros.

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