Un mundo de dioses, de vivos y de muertos

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Un mundo de dioses, de vivos y de muertos

Avanzábamos a buen paso. Los niños a mí alrededor y las demás nodrizas rodeándolos. Bajo la guía de Paquri la caminata no se hacía tan larga, a pesar de no seguir el camino Imperial, sabía escoger las rutas menos difíciles, era de agradecer cualquier beneficio en cuanto al camino, aún más sabiendo todo lo que se había dejado atrás.

El sol estaba alto y hacia buen clima en las colinas cuando llegamos a lo que parecía una pequeña colina resquebrajada, pero en realidad era una antigua pirámide, usada como cementerio por pueblos anteriores al Imperio. Paquri decidió que descansaríamos a pocos metros. Nadie objetó, el descanso era bien merecido. Aunque los niños, que bien sabían de esos antiguos lugares no se sentían tan cómodos.

– Los muertos saben que estamos aquí, Kasunka, y van a llevarse tu gorro. – Dijo Asunwankari con malicia.

– Pues que vengan, no les tengo miedo. – Respondió Kasunka mientras tragaba saliva.

– Los muertos nada tienen que hacer aquí.  – Les interrumpí. – Nuestro lugar es este y el de ellos es otro.

– ¿A dónde crees que van los muertos, Mama Ti? – Preguntó la precoz Nakuykari, que aún llevaba al más pequeño de los niños sobre sus hombros.

– Si se están quietos todos por un momento puedo contarles. – Dije con firmeza.

Y funcionó.

Antes que los dioses dieran forma al mundo, este ya estaba compuesto por los tres planos, Chaqauri (Plano de Arriba), Paqauri (Plano de Aquí) y Poqauri (Plano de Abajo).

El Paqauri es el lugar en donde residen los mortales, los animales, montañas, plantas, ríos, mares. Es el lugar en donde existe toda la naturaleza, el mundo donde los hombres habitan y desenvuelven sus vidas. Cuando el dios Cha llegó decidió que en este reino no se encontrarían los dioses ni los muertos, que sería el lugar para los vivos.

A pesar de que el hombre eran sus hijos predilectos, Cha decidió que el Paqauri sería representado por el puma. Esto debido a que es una criatura muy poderosa e imponente.

Este lugar se encuentra encima de Poqauri y debajo de Chaqauri por lo tanto está en el medio de ambos reinos.

– ¿Mama Ti, y como es el mundo de los muertos? – Preguntó Kasunka, inquieto.

– Nadie que yo conozca ha vuelto para decirme. – Le respondí. – Pero mis abuelos me contaron lo que a ellos les habían contado sobre ese oscuro mundo, donde la luz no llega.

Cha, dejando el Paqauri a los vivos, decidió que el Poqauri, siendo el plano más bajo, sería el lugar en donde irían las personas al morir, en este reino también habitarían aquellos bebés que no lograron nacer. No solo se relaciona con el subsuelo sino que también las profundidades de los mares y de los océanos.

Expulsadas por Richamapak del mundo de la superficie, las serpientes gigantes Wankaris sería encogidas por Cha para representar el Poqauri. Esta poderosa criatura está asociada con el conocimiento y el poder. Es una criatura muy grande, descrita como una serpiente con alas, una cabeza de llama, unos ojos cristalinos, una cola de pez y un hocico rojo.

Este plano no puede estar relacionado directamente con los otros dos, por lo que existen otros medios para poder comunicarse, uno de ellos y el más conocido por los sabios son las cuevas, estos son lugares en donde realizan rituales y sacrificios. También existen lugares de conexión entre los planos en algunos ríos y lagos ya que estos siguen su curso hasta el reino del inframundo.

– Entonces, los muertos pueden subir por las cuevas hasta nuestro mundo, Mama Ti. – Dijo algo inquieto Asunwwankary. – ¿Por qué mi abuelo nunca nos visitó?

– Que existan sabios que conozcan rituales que permitan ambos planos comunicarse no significa que los que habitamos en alguno podamos pasar al otro cuando queramos. Solo los vivos al morir cambian un lugar por otro, pero no hay marcha atrás.

– Pero en el pueblo se decía que había brujos que podían traer a los muertos de nuevo ¿Era verdad? – Preguntó Kasunka.

– Tengo muchos años y he visto a muchos muertos, ninguno volvió a vivir. Pero la voluntad de los dioses es capaz de muchas cosas que no conocemos. Puesto que ellos ocupan el tercer plano, y desde allí nos miran a todos.

El último de los planos, o primero según el orden en que se nombren, es el Chaqauri, donde residen principalmente el gran dios Cha y muchos de los otros dioses, el mundo celestial y supraterrenal. También es el mundo donde habitan las estrellas y de los planetas.

Por supuesto, siendo sus hijos favoritos, Cha otorga a los hombres la posibilidad de habitar en el Chaqauri, sin embargo, no se la otorga a todos. Las únicas personas que tienen la potestad de tener un lugar allí son aquellas que han logrado tener una vida justa y buena, cumpliendo con la voluntad de los dioses.

Si un hombre quería llegar al Chaquari, al morir, era necesario cruzar un puente hecho de pelo de llama, en donde Cha mismo media todas sus acciones. Si no tenía la aprobación del dios, debería descender al Poqauri, pero si contaba con la gracia de Cha, pasaría a formar parte del reino celestial, en donde convivirá con los dioses sagrados.

Para este plano Cha decidió que se usaría a su animal favorito como representación, el gran cóndor, ya que es un animal que sobrevuela a todos los mortales y que puede convivir con los dioses en las alturas, situando su morada en el cielo, esta divina criatura es una de las encargadas de la comunicación entre el plano celestial y el terrestre.

También las montañas, que pueden llegar hasta las nubes, sirven como puentes para los sabios a la hora de comunicarse con el Chaqauri, lo cual los convierte en un medio de comunicación entre los dioses y los humanos por medio de ritos, ceremonias y ofrendas.

– Entonces los dioses si pueden viajar entre los planos, pero los vivos y los muertos no. – Dijo Kasunka.

– No por si mismos, pero los espíritus y los sabios nos permiten con su poder y conocimiento comunicarnos con unos y con los otros. – Concluí. – Ahora descansen un poco, no tardaremos en caminar de nuevo. – Les dije sabiendo que quien más descanso necesitaba era yo.

Pero al parecer la caminata se retrasaría algo más de lo esperado, porque no muy lejos se podía ver a un grupo acercándose. Parecía un grupo de soldados del Imperio. No porque yo pueda distinguir amigos o enemigos desde la distancia con mis ya gastados ojos, sino porque Paquri se alistaba para encontrarse con ellos muy tranquilo y confiado.

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